Por Luis Arellano Mora

“De lo perdido, lo que aparezca”, reza este dicho tristemente aplicable a la recuperación de dos de las 14 pinturas de Baltasar de Echave Orio, mismas que componían el retablo de la iglesia de Santiago Tlatelolco en el siglo XVII, las cuales fueron recientemente digitalizadas e incorporadas a E-Museum, plataforma que preserva en línea un invaluable acervo de cinco siglos del arte mexicano.

En septiembre pasado el Museo Nacional de Arte (Munal) presentó esta nueva herramienta para que los usuarios conozcan su catálogo digital, que puede ser consultado en munal.emuseum.com.

Destaca en este archivo la obra de Baltazar de Echave Orio, representante del apogeo del último momento del Renacimiento en México y creador de una nueva doctrina en el arte mexicano, que rompió los cánones rutinarios de la imitación de la pintura europea.

Los dos óleos que nos ocupan, La Visitación y La Porciúncula fueron conservados hasta nuestros días, gracias al célebre jurista y académico José Bernardo Couto, luego de que el retablo de Tlatelolco fuera desarmado y las 12 obras restantes desperdigadas, si no es que destruidas, al ser convertido el templo en bodega de ferrocarriles, presidio y cárcel política.

 

Quiso la suerte que poco antes del desmembramiento, a instancias del propio Couto las dos pinturas fueran cedidas por los frailes franciscanos del templo de Santiago a la Academia de San Carlos, junto con otras cuatro, para incrementar las colecciones del periodo virreinal, correspondientes a la "escuela antigua mexicana de pintura".

Se ignora el momento en que fue destruido el retablo, pero debió ser en la década de 1880. El escritor Manuel Rivera Cambas lo describe como: "formado de columnas doradas de varios órdenes, entre las cuales hay diversas pinturas representando pasajes de la vida de Jesús y de María, de San Francisco y Santiago".

De hecho, el retablo aún existía en 1861, según consta en la crónica de un crítico francés desconocido, quien publicó sus observaciones en la Revista histórica de la pintura mexicana en los siglos XVII y XVIII.

DE ECHAVE, ÚNICO EN SU ARTE

Nació en 1558, en la población de Zumaya (Guipúzcoa), País Vasco, y llegó a México en 1580, donde vivió y trabajó durante 40 años.

Echave Orio –a quien se le dio el nombre de El Viejo para diferenciarlo de otro pintor, hijo suyo, a quien se le llamaba Baltasar de Echave, El Joven– es junto a Alonso Vázquez uno de los grandes maestros que impusieron un estilo sobre sus contemporáneos, por lo que se les considera fundadores de la pintura novohispana.

Su fama se equipara con la de los principales artistas españoles Juan de Juanes, Zurbarán, Alonso Cano y Murillo, y pertenece a la generación posterior al grupo que se formó en torno a los pintores novohispanos Simón Pereyns y Andrés de la Concha, cuyo estilo enmarcado en el manierismo se encontraba sometido a los nuevos preceptos eclesiásticos que dictaminaban la representación de lo divino.

La riqueza del color en Echave se manifiesta en el contraste que logra entre colores neutros, generalmente usados como fondo, y colores vivos, sedosos y aterciopelados, que otorgan a los paños esa calidad táctil propia de los verdaderos maestros de la pintura. En su colorido predomina la gama del azul y el rojo brillante, sobre fondos oscuros, contrastantes con superficies menores, en verdes y amarillos luminosos.

Por ejemplo, en el cuadro La Porciúncula, Cristo aparece vestido con una túnica roja y un manto azul; la Virgen, a su lado, lleva también un manto azul y una túnica de tono rojizo. Ambas figuras aparecen en la mitad superior del cuadro, que jerárquicamente corresponde al cielo. Ambos están sobre una nube, la cual descansa sobre un altar, ante el que San Francisco se postra en oración.

Echave recrea esta variedad de tonos y materiales con un tratamiento preciosista con el que se equilibra la dignidad de los rostros, cuya solemnidad y perfección de movimiento reposado y armónico coloca esta pintura muy lejos del manierismo superficial, emparentándola con el clasicismo.

En él se advierte incluso la influencia del manierismo italiano representado por Morandini, Santo Di Tito y Ligozzi.

Además de pintor fue hombre de leyes y escritor, llegando a ostentar en el año 1606 una magistratura. Murió en el 1620.

La opinión de Manuel Toussaint acerca de la trascendencia de Baltazar Echave Orio es contundente: “su personalidad es seguramente la más esplendorosa de todo nuestro arte colonial”.

“ENTONCES HUBO ALEGRÍA…”

En 1610 concluyó la construcción de la iglesia de Santiago Tlatelolco bajo la dirección del fraile arquitecto Juan de Torquemada, quien dispuso que los escultores y ensambladores indígenas de la parcialidad de Tlatelolco hiciesen el retablo mayor.

“Hoy sábado, al toque de campanas, por la tarde, 14 de julio de mil seiscientos diez años, siendo las vísperas de Santiago apóstol, se consagró el templo, cuando ya se acabó de edificar la iglesia de Tlatelolco… Y también entonces quedó colocado el nuevo retablo, al día siguiente, domingo, cuando fue la fiesta de Santiago, el 15 de julio. Entonces hubo alegría, se hizo fiesta en Tlatelolco. Así se inauguró la iglesia, la que terminó, vino a concluir con sus manos el padre Juan de Torquemada”, describe así en su Diario el festivo momento el historiador mestizo Domingo de San Antón Muñon Chimalpain Cuauhtlehuanitzin.

La maestría desplegada por Baltazar de Echave en sus pinturas del retablo, deslumbró a Torquemada, quien no dudó en calificarlo como "único en su arte".

El también cronista franciscano fray Agustín de Vetancurt avala esta apreciación a finales del siglo XVII, al decir que "el retablo es de todo costo y primor, cuyas imágenes de talla admiran a los maestros".

Componían el retablo las tablas La Visitación y La Porciúncula. Se menciona que quizá La Anunciación perteneciera también a dicha serie, la cual fue objeto de saqueo en el siglo XIX.

“No sabemos qué pasó con las pinturas restantes, pero por semejanzas estilísticas Toussaint piensa que puede haber pertenecido a este mismo retablo la tabla de La Anunciación que, atribuida a Echave, formó parte también del acervo de la Academia.”

“Ya en nuestros días Guillermo Tovar de Teresa ha sugerido que, amén del cuadro de La Anunciación, acaso hayan formado parte del mismo conjunto otras pinturas sobre tabla e igualmente atribuidas a Echave, como la de La Presentación del Niño al templo (inv. 3084), al igual que la de Visión de Cristo del Apocalipsis, y las de La Resurrección de Cristo y La estigmatización de san Francisco que se conservan en el Museo Regional de Guadalajara”.

En su largo recuento del patrimonio perdido de la Ciudad de los Palacios, el cronista Guillermo Tovar de Teresa relata cómo se salvaron algunas pinturas gracias a José Bernardo Couto, “quien las obtuvo de los frailes a través de un intercambio de copias elaboradas por alumnos de la Academia de San Carlos por originales, elegidos por Couto y destinados para un museo de pintura que éste pretendía fundar”.

Es por ello que Manuel Toussaint se refiere a Couto como "¡insigne y honrado varón! ¡Cómo había de pensar que de esos catorce cuadros del retablo de Tlatelolco sólo se salvarían para la posteridad los dos que él retiró, con el beneplácito de los frailes franciscanos y llevando su escrúpulo hasta sustituirlos con fieles copias que también desaparecieron!”.

¡Y la posteridad llegó en código binario!