Por Luis Arellano Mora

En noviembre próximo habrán de cumplirse 50 años de la inauguración de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, considerada en su momento la mayor obra de vivienda de toda Latinoamérica y como el mejor ejemplo de la solución al problema de la falta de habitación popular con perfiles de dignidad, tarea en la que concurrieron por igual el sector público y la iniciativa privada. 

Por Luis Arellano Mora

En noviembre próximo habrán de cumplirse 50 años de la inauguración de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, considerada en su momento la mayor obra de vivienda de toda Latinoamérica y como el mejor ejemplo de la solución al problema de la falta de habitación popular con perfiles de dignidad, tarea en la que concurrieron por igual el sector público y la iniciativa privada.

El conjunto de 144 modernos edificios fue asentado en terrenos del antiguo reino mexica de México-Tlatelolco como parte de un proyecto de regeneración urbana del norte de la Ciudad de México que impulsaba la espectacular bonanza del “milagro mexicano” de la década de los 60 del siglo pasado, la que auguraba en el horizonte nacional un estable y promisorio desarrollo económico que garantizaba por fin la cristalización del proyecto modernizador de la Revolución de 1910.

El naciente Conjunto Urbano “Presidente Adolfo López Mateos” se erigía pues desde el discurso oficial como “una pujante demostración del México moderno, vigoroso y progresista que ha creado la Revolución Mexicana”.

El costo de la urbanización de Tlatelolco fue de mil 200 millones de pesos. El total de la inversión en la primera unidad, por ejemplo, fue de 225 millones de pesos aproximadamente, incluyendo 42 millones como valor del terreno urbanizado y 183 millones de pesos por la construcción.

Una parte de ese financiamiento fue costeado por el Estado mexicano por conducto del Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras Públicas (hoy Banobras) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE); instituciones financiera y asistencial, respectivamente; otra porción considerable corrió a cargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia para el Desarrollo Interamericano (Alianza para el Progreso).

Los autores del proyecto y dirección arquitectónica de la obra son el arquitecto Mario Pani y Asociados. La ejecución estuvo a cargo de unas 40 compañías constructoras.

En este número especial de Ocelote Tlatelolca mostramos algunas de las empresas participantes, entre las que se encontraban, por ejemplo, Diseño Racional, Asociación Civil (Dirac), que se encargó del estudió del diseño y asesoría en la supervisión de las estructuras, y la siderúrgica Altos Hornos de México (AHMSA), que proporcionó la varilla corrugada.

Por su parte Anaconda Nacional instaló la tubería de cobre para agua y gas, mientras que Lapsolite proveyó las marcolitas de las ventanas.

El impermeabilizante utilizado fue de la marca Poldi; así como la celosía exagonal de Vitricota Santa Julia. El aluminio usado fue de Alcoa México y los elevadores de la marca Otis.