En un siglo, el Zócalo capitalino ha palpitado al compás de las exigencias y...

El Zócalo

En un siglo, el Zócalo capitalino ha palpitado al compás de las exigencias y deseos de la sociedad mexicana. Hoy es un espacio de libertad, multiusos, que no puede arrebatarse a la colectividad, de manera que “aún está por ver muchas historias”, comentó Manuel Perló Cohen al clausurar el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 Ante los asistentes del Auditorio Eduardo Matos Moctezuma del Museo del Templo Mayor, el director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM señaló que en sus aproximaciones a este emblemático espacio ha enumerado al menos 55 usos que se le han dado, confirmando así la frase del escritor Carlos Monsiváis: “Más que un país de una sola ciudad, México ha sido hasta hace muy poco el país de un solo Centro”.

En un siglo, el Zócalo capitalino ha palpitado al compás de las exigencias y deseos de la sociedad mexicana. Hoy es un espacio de libertad, multiusos, que no puede arrebatarse a la colectividad, de manera que “aún está por ver muchas historias”, comentó Manuel Perló Cohen al clausurar el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Ante los asistentes del Auditorio Eduardo Matos Moctezuma del Museo del Templo Mayor, el director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM señaló que en sus aproximaciones a este emblemático espacio ha enumerado al menos 55 usos que se le han dado, confirmando así la frase del escritor Carlos Monsiváis: “Más que un país de una sola ciudad, México ha sido hasta hace muy poco el país de un solo Centro”.

 

Al cerrar el ciclo organizado por la Dirección de Estudios Históricos del INAH, dijo que el Zócalo es, antes y después de todo, un sitio donde se expresa la dicotomía entre los grupos que lo utilizan para expresar su poder y la manifestación del contrapoder. En ese sentido, también es un espacio de comunicación, para ver y ser visto.

 

El ex director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad comenzó este recorrido por El Zócalo como escenario político, social y recreativo —título de su ponencia—, con instantáneas de 1900 en que se observa una plaza ajardinada, cuyas inmediaciones eran nodo de transporte, la convivencia todavía de carruajes con el flamante tranvía eléctrico.

 

Del festejo por el Centenario de la Independencia, en 1910, en unos cuantos meses, el 7 de junio de 1911, la Plaza congregaría una multitud ante la presencia de Francisco I. Madero, aspirante a terminar con la dictadura Porfirista. Poco tiempo transcurriría también para que fuera escenario de los sucesos de la Decena Trágica y la imposición del régimen huertista.

 

El 20 de agosto de 1914 con la entrada del Ejército Constitucionalista y de su jefe, Venustiano Carranza, se dio término al gobierno usurpador de Victoriano Huerta, dando paso a la integración de un nuevo ejército. Tras la ruptura de las fuerzas políticas en el marco de la Soberana Convención Revolucionaria, en diciembre de ese mismo año, Francisco Villa y Emiliano Zapata arribarían con sus propias tropas.

 

La posrevolución —continuó Manuel Perló— daría lugar a otras expresiones de apoyo al gobierno en turno. El académico resaltó una imagen en la que se ve al entonces presidente Adolfo de la Huerta presidiendo un desfile militar, así como otra, de fines de los años 30, de apoyo a Lázaro Cárdenas por la expropiación petrolera.

 

“Cualquier acto que se hiciera de carácter político, ya en la estructura corporativa que tenía el Estado mexicano, se hacía en el Zócalo, pero ahí también se expresaban las confrontaciones entre las distintas corporaciones. En la década de los 40, en la medida en que el Estado logró afianzarse, éstas se volvieron menos comunes”.

 

La foto que representa esta “unidad política” es aquella donde aparece el entonces presidente Manuel Ávila Camacho, convocando a todas las fuerzas políticas del país y a los expresidentes Adolfo de la Huerta, Emilio Portes Gil, Lázaro Cárdenas, Plutarco Elías Calles, Abelardo L. Rodríguez y Pascual Ortiz Rubio. Todos ellos aparecen en el palco de Palacio Nacional.

 

Manuel Perló Cohen recordó que 1958 fue el año en que cambió de manera definitiva el rostro del Zócalo. En un acto intransigente, el llamado “Regente de hierro”, Ernesto P. Uruchurtu, convirtió el diamante ajardinado de la plaza en una plancha de concreto que permitiría congregar de 220 a 250 mil personas.

 

Otro hito en el devenir del Zócalo estuvo marcado por los efectos de los terremotos de septiembre de 1985. Ahí se asistió a los damnificados y en lo sucesivo este carácter social, diverso e inclusivo ha sido el dominante.

 

De lugar para el “ligue” e incluso el “picnic” dominical, a las “instalaciones nudistas” del fotógrafo Spencer Tunick o el desfile de la comunidad LGBTTI, el Zócalo también cede su espacio a pistas de hielo, cuadriláteros de lucha libre, templetes para conciertos, museos itinerantes, ferias de libros, bailes de quinceañeras y retos para ingresar al récord Guiness.

 

“El Zócalo aún está por ver muchas historias, va a seguir siendo el centro. Ya es un espacio que hoy le pertenece a todos los mexicanos”, concluyó Manuel Perló.