Javier Méndez Ovalle contactó a Sandra “N” por Facebook dos semanas antes de que ocurriera el asesinato. Le había prometido conseguirle trabajo, toda vez que la muchacha le confió que no había logrado entrar a la Universidad UAM, por lo que buscaba una plaza como edecán o bailarina. Javier se ganó su confianza con el paso de los días. Alardeó que había obtenido premios en el área de física. Por eso Sandra confió en la promesa de que le conseguiría trabajo; accedió acudir a la cita fatídica. El 28 de julio de 2013 la joven de 19 años de edad viajó de Ixtapaluca, Estado de México, al Distrito Federal para reunirse con él en el Metro Tlatelolco.

Javier Méndez Ovalle contactó a Sandra “N” por Facebook dos semanas antes de que ocurriera el asesinato. Le había prometido conseguirle trabajo, toda vez que la muchacha le confió que no había logrado entrar a la Universidad UAM, por lo que buscaba una plaza como edecán o bailarina.

Javier se ganó su confianza con el paso de los días. Alardeó que había obtenido premios en el área de física. Por eso Sandra confió en la promesa de que le conseguiría trabajo; accedió acudir a la cita fatídica. El 28 de julio de 2013 la joven de 19 años de edad viajó de Ixtapaluca, Estado de México, al Distrito Federal para reunirse con él en el Metro Tlatelolco.

Fueron a un centro comercial y al cine. Visitaron un parque y, finalmente, el departamento de Javier en el edificio Juárez de Tlatelolco, donde conversaron hasta que él le comentó que debido a su carrera académica se iría a estudiar a Alemania. Como ella no le creyó y se burlara, empezó a golpearla. Para que no gritara la asfixió. Con la finalidad de deshacerse del cuerpo, procedió a seccionarlo con un cuchillo de cocina, depositó los restos en diversos contenedores de basura instalados en las inmediaciones de la Unidad.

Inmediatamente regresó al departamento, limpió las manchas de sangre y ahí pasó la noche. Al día siguiente, su familia fue por él y regresaron a Tecámac, Estado de México, sin que mencionara lo sucedido. Días después recibió una llamada telefónica de su padre quien le preguntó qué había sucedido en el departamento, ya que estaban siendo entrevistados por la Policía. Le dio miedo y decidió darse a la fuga.

Así lo confesó el ex alumno del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 9 (CECyT), del IPN, el pasado 28 de julio, cuando fue detenido en Querétaro y presentado ante el Ministerio Público, según el procurador Rodolfo Fernando Ríos Garza.

El joven prófugo se cambió la identidad para no ser vinculado con el delito, abundó el titular de la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF), quien afirmó que Méndez Ovalle contó cómo ocurrieron los hechos al rendir su primera declaración.

"Los jóvenes se conocieron en las redes sociales y se citaron para verse en un departamento en donde se encontraban solos. No coincidieron en ningún tema, por lo que empezaron a discutir y después él la empujó causándole una herida en la cabeza", dijo el funcionario en rueda de prensa ofrecida el jueves 31 de julio.

"Momentos después la chica comenzó a gritar y es cuando él la asfixia hasta causarle la muerte. Entonces, por miedo a ser descubierto cercenó el cuerpo; cortó las extremidades y la cabeza y junto con el tronco los colocó en bolsas de basura que tiró en los mismos depósitos de la unidad habitacional", dijo.

Ciertamente, Méndez Ovalle no era cualquier estudiante: en 2011 obtuvo la medalla de oro en la XXII Olimpiada Nacional de Física, y en 2012 ganó un bronce en la Olimpiada Internacional de Física en Estonia. Por ello, desde el día de la tragedia, los padres del presunto asesino no daban crédito a todo lo ocurrido, pues según señalaron su hijo nunca mostró ningún comportamiento extraño, mucho menos violento. Por el contrario, indicaron en su momento, siempre fue un gran estudiante y deportista: toda su vida practicó Taekwondo y futbol americano.

También se supo que Javier era de carácter reservado y disfrutaba mucho de estar en casa. Según declaraciones anónimas de algunos de sus conocidos, “arrancarle un saludo era más que complicado”.

Ahora, de comprobarse su culpabilidad, Méndez Ovalle podría pasar hasta 60 años en prisión, debido a que el delito que cometió, feminicidio, es considerado grave. Por lo pronto, el martes 5 de agosto el juez 7 Penal del  Reclusorio Norte le dictó auto de formal prisión. Enfrentará procedimiento de tipo ordinario. Se le acusa de haber cercenado el cuerpo de la joven que después dispersó en contenedores de basura.

En el expediente de la causa penal 159/2014 quedó asentado que el 29 de junio de 2013, en la Unidad Habitacional Tlatelolco, delegación Cuauhtémoc, se encontró el cadáver de una mujer en los contenedores de basura, el cual fue cercenado y puesto en bolsas de plástico. Elementos de la Policía Cibernética de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal realizaron un análisis al equipo de cómputo de la víctima, en el que descubrieron las conversaciones entre la víctima y el presunto responsable.

Las indagatorias llevaron a la localización del domicilio del inculpado, el cual huyó a los municipios de Tecámac y Tepozotlán, Estado de México, posteriormente ubicó su residencia en San Juan del Río, Querétaro, donde trabajó como mesero.

Las pesquisas condujeron a los agentes de la Policía de Investigación hasta esa localidad, donde fue capturado mediante un convenio de colaboración. Ahí, el ex estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN) se mantuvo escondido, pero sostuvo comunicación con sus padres.

La última vez que se vio a la joven fue en el Metro Tlatelolco, donde fue captada por las cámaras de vigilancia. Luego ya no se supo más de ella. Una vez que Javier cometió el crimen abandonó su departamento, el cual fue cateado por autoridades capitalinas que reunieron indicios para confirmar que Sandra fue asesinada en ese lugar.

Se perdió su pista, hasta el jueves 4 de julio de 2013, cuando un par de agentes lo encontraron en Otumba, Estado de México. Pero, tras una intensa persecución, logró escabullirse y perderse entre la gente.

Luego de más de un año de búsqueda, la Policía de Investigación halló a Méndez Ovalle en Querétaro, desde donde fue trasladado a la Fiscalía en la Delegación Cuauhtémoc. La PGJDF confirmó que la detención del ex alumno de física se logró tras seguir diversas líneas de investigación que apuntaron a que no había salido del país, como inicialmente se pensó.

En enero de 2012, Méndez apareció en la portada de la Gaceta Politécnica, del IPN, por haber ganado el primer lugar en la Olimpiada Nacional de Física realizada en Guadalajara, representando al Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos 9, uno de los planteles de educación media superior del instituto.

“Esto representa el logro de un gran esfuerzo; además me abrió otros horizontes… y me sirvió como entrenamiento para enfrentar los siguientes retos en la vida, porque soy de las personas que siempre busca algo más”, dijo Méndez en esa ocasión.

En agosto de ese mismo año recibió la medalla de bronce en las Olimpiadas Internacionales de Física realizadas en Estonia junto a otros estudiantes mexicanos.

Vecinos de la Unidad Habitacional Tlatelolco reportaron un macabro hallazgo: habían encontrado en bolsas de plástico de color negro los restos mutilados de una joven.

Aunque al principio las llamadas eran esporádicas, con el paso de los días, cuando parecía que el homicidio de Sandra "N" había quedado en el olvido, el contacto telefónico se fortaleció.

Agentes de la procuraduría capitalina adscritos a la Fiscalía Desconcentrada en Cuauhtémoc detectaron desde principios de julio pasado tres de esas llamadas a San Juan del Río y decidieron seguir la pista hasta ese lugar.

Después de montar vigilancia en los puntos donde se habían realizado los enlaces telefónicos vieron pasar a Javier Méndez Ovalle, quien trabajaba en una cafetería de la cadena Finca Santa Veracruz bajo la identidad falsa de Carlos Medina.

Supieron que a sus compañeros de trabajo, Méndez Ovalle les contaba que era originario del estado de México y que trabajaba en ese lugar para pagarse una carrera de ingeniería.

Ninguno sospechaba que se trataba de la misma persona que la procuraduría capitalina buscaba por el asesinato de una joven de 17 años a la que desmembró y cuyos restos abandonó en las inmediaciones de la Unidad Habitacional Tlatelolco a finales de junio de 2013.

Quienes hablaron con él antes de ser enviado al reclusorio Norte lo describieron como alguien educado, que no expresaba groserías, que usaba términos "muy correctos" y que siempre pedía las cosas por favor y daba las gracias.

"Muy diferente a la mayoría de los homicidas que se detienen aquí", contó un agente.